Sueños nada pomposos

Ser de esas mujeres que aún no están seguras si pertenecen a este siglo o al anterior, entre la independencia y lo popularmente llamado tradicional, como si decirles en la misma frase tuviese síntoma de infamia.
Mis sueños son simples, nada muy pomposo, una total injusticia para quienes consideran que si un sueño no es extraordinario no puede llamarse sueño.
Pienso en un espacio propio, que pueda decorar de mil formas al año, con una cocina llena de los juguetes necesarios para satisfacer mi manía por cocinar y sonreír al hacerlo.
Tomar el auto y conducir a nuevas historias, que duren una tarde, dos días o alguna semana. Un pasaporte con al menos un sello al año, para dejar de pensar que mi realidad es la única.
Quiero escribir un libro o dos... Sueño nada original para una periodista, pero algo innovador para una productora.
Un título más en la repisa, que signifique la puerta para ayudar a otros desde un lugar donde mis decisiones sean tomadas en cuenta.
Y algún día, cumplir el anhelo de formar una familia; deseo que una mujer, a quien etiquetan de independiente, debe mantener en secreto para no aterrorizar al potencial amor de la vida... Como si en la vida hubiese un sólo amor o si la vida misma alcanzara para amar a ese amor.
Puede que mis sueños no sean espectaculares, dignos de una película esperanzadora. Puede que dejara de pensar en los sueños y comenzar a creer en que son posibles realidades.

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