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Mostrando entradas de octubre, 2010

Senti-2

suena a que no suena.
suena a que el miedo no tienen sonido.
suena a (inserte silencio)

huele a que no huele.
huele a que el gane se pudre.
huele a (inserte suspiro)

sabe a que no sabe.
sabe a peligro y egoísmo fresco.
sabe a (inserte escalofríos)

ve a lo que no se ve.
ve a lo que el destino juega.
ve a (inserte cierre de ojos)

toca a lo que no se toca.
toca a lo que parece pecado.
toca a (inserte beso)

Estaba pensando

Estaba pensando. Sí, hasta por fin tuve un tiempo para sentarme y pensar. En medio de música y una habitación sola de pisos blancos pude volar, con esa canción que no se si me afecta o no en verdad, pero me solté. De repente me sentí con los pies en la tierra, en esa tierra que no huele a invierno, si no que huele a realidad. Estaba pensando. Vi que en medio de las situaciones de los últimos días de octubre, tenía que tomar una decisión cada uno de los siete días: ser o no ser yo. Estaba pensando. ¿Quién soy yo? Lo sé, pero estos últimos seis meses tomé la actitud de hacer lo que se me viniera en ganas. Gané mucho, perdí una cosa. Estaba pensando. Gané la libertad que no tenía y perdí mi humanidad. No la de carne y hueso, si no la social, la que pensaba en los demás. Estaba pensando. En este momento, con los pies en la tierra, extraño a quien vela por mí. Estás acá, lo sé pero yo no estoy allí. Estaba pensando. Disfrutar de todo no significa arrasar con todo. Estaba respirando.

Un juego

Era tiempo para jugar de nuevo, solo que esta vez el juego era triangular. Ella lo sabía, debía guardar y lanzar las cartas en el momento indicado. Aún no estaba segura quien lanzaría primero, si ella o él, pero de que habían dos participantes dispuestos a jugar, los habían. El tercer jugador estaba allí por "default" y la verdad solo veía sus cartas de vez en cuando. Así que empezó; cómplices y rivales, conociendo la facultad incierta que un As posee de construir y destruir, con todas las ganas de ganar y con todas las posibilidades de perder. Se tiraron las primeras dos cartas. Entre risas y algunos tragos el juego se volvió ameno. Se lanzo la tercera, el juego no podía alejar o sacar al último jugador de la vuelta. Ella omitió casi por completo la carta visible. Volvió a atinar. Él, fascinado por la coincidencia, probó suerte y comprobó que había una fortuna particular. Tercera carta, segunda ronda, casi inexistente, pero relevante. El juego se volvió emocionante. Ella no sabía…