Sonrisas perfectas

Atendamos al principio popular "tenga siempre una sonrisa". Como si La Mona Lisa en serio estuviese sonriendo, como si fuésemos múltiples robots con la programación de la eterna sonrisa.
¿Estar feliz es malo? no y este escrito no se trata de eso, si no de la falsa idea de que todos somos muñecos de Matel sin inseguridades, problemas, dudas o manías, como si la realidad o el dubitar sea una maldición para el resto.
En Occidente la idea de expresarse de buena manera se limita a que se digan cosas buenas y positivas; está prohibido criticar, decir un "no me gusta" o expresar sentimientos que no provoquen sonrisas.
Ahora regurgite el "jajaja". Respuesta corta de 6 letras que simula haber entendido algo, haberse divertido o estar de acuerdo, pero en la mayoría de los casos se refiere a un "no se que contestar" o "no quiero quedar mal".
Montón de hipócritas exigentes, estos que esconden la realidad en miles de colores o ilusas frases que pretenden apaciguar corazones a la expectativa.
¿Cuándo creo que hay una verdadera sonrisa?
Cuando dejamos ese montón de tapujos y podemos ser sinceros con quien está del otro lado, cuando la empatía es tanta que se siente paz de haber dicho las cosas que se piensan sin necesidad de que haya un ajusticiamiento. Cuando la libertad es igual a paz.
La sonrisa, esa perfecta de Hollywood y Elle no es la real, si no aquella que está por dentro, que aparece con poquísimos espacios y personas, acompañada de las realidades, incertidumbres y de cuerdas flojas, las que acompañan la vida, no las imposiciones de otros.

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