La culpa por dejar de amar

Date la vuelta, déjame cerrar los ojos
déjame saber si siento o ya dejé de hacerlo,
necesito saber si vale la pena este esfuerzo.

No puedo verte a la cara y decirte que ya no siento
un nudo en la garganta atropella mis deseos,
no sé de que se trata, es la extraña sensación
y el conocido sentimiento de un corazón en blanco.

Cuando los besos dejan de tener sabor
y las conversaciones ya no tiene contenido, 
uno sabe que es el momento de partir,
a un lugar donde es más fácil entender.

Es nuestra culpa, 
por decirle amor a la pasión y a la emoción,
es culpa de nuestra insistencia
por creer que es posible aferrarse a las irrealidades sociales.

Las ilusiones comienzan a ser menores
cuando los sueños no se construyen,
en el momento en que la suerte deja de ser jugada
y las ganas, son solo ganas de uno.

No me culpes,
culpa al tiempo, al reloj, a sus manecillas
a las diferencias entre ambos
o a las terceras personas.

No te culpes, 
ni a tus miedos, ni a tus ataduras,
ni a mi forma de aferrarme 
a algo que a voces parece muerto.

Déjame cerrar los ojos,
para dejar de culparme por no sentir más amor.

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