Sexo con vehemencia

Entraron al bar, un lugar con pocas personas y mesas altas. Ella vestida con una falda que resaltaba sus piernas largas, Él vestía de domingo en pleno lunes. Una cerveza cada uno, reían y olvidaban un poco de sus realidades. Ellos se ven de frente, con esa complicidad de un fuego acumulado por algún tiempo.
- Tráigame una cerveza y un tequila
- Yo no tomaré más cerveza
- Por eso será un tequila
Ella sonrió.
El roce inicia, sus piernas se entrelazan, las manos de ambos se convierten en el mejor instrumento para las caricias. Amos ríen y las palabras pasan de lo cotidiano a insinuaciones se los deseos.
- Ya es tarde. ¿Te llevo?
- Sí, vamos.
En el auto, ubicado en el estacionamiento, vacío por un día poco particular. Las caricias se vuelcan hacia ella;  mientras, las manos se acercan cada vez más a las zonas que hacen perder la razón, las ventanas van perdiendo su claridad.
Desde afuera el vehículo parece cobrar vida y tiene voz que no menciona palabra pero incita a un placer parecido a la travesura.
No sabría decir cuanto duró, pero sí que el auto arrancó con tan vehemencia que daba gusto ver su movimiento.
Luego de un viaje de sonrisas. A Él le ha dado por abrir cada conversación.
- ¿Nos veremos pronto?
- Sabes que algo ha cambiado.
Lo mira con esa sensación de no querer perder ese momento, saboreando un peligro latente.
Ella bajó del auto escuchando tras ella el adiós de un auto.
- ¿Cómo te fue cariño? Llegaste temprano
- Mirá, sí. Parecía más tarde.


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