La voz: entre putas y religiones


Antes de comenzar no pretendo herir sensibilidades ni jugar de lo que no soy, es simplemente lo que creo y busco utilizar eso que dicen "libertad de expresión". Comenzaré por ahí. La libertad es una palabra subjetiva, pero sobre todo cuando se hace acompañar de otra sustantivo, ya sea expresión, religión, tránsito, política, pensamiento; cada quién puede elegir su forma de vida pero olvidamos que en este mundo no vivimos solos.
El mes de agosto fue testigo de dos situaciones que son por excelencia la antagonía del irrespeto. Confieso con anterioridad que no fui partícipe de ninguna de las dos y que mi crítica nace de las tomas, crónicas y recuentos de medios de comunicación y de testigos que han hecho su voz valer.
El 2 de agosto durante las celebraciones católicas a la "Virgen de los Ángeles", el Obispo Católico de Cartago, Francisco Ulloa, llamó al recato y hasta sumisión a un papel de inferioridad ante el varón, a la mujer: “sin este (recato), las deshumanizan (a las mujeres), las vuelven una cosa, un objeto nada más” (nación.com, 02 agosto, 2011). Estas palabras motivaron a diferentes grupos sociales a marchar el 14 de agosto en la denominada "Marcha de las putas", con una concurrida asistencia frente a la catedral Metropolitana, en favor de las mujeres y su derecho a ser personas.
Hasta ahí tengo un gran desacuerdo con el obispo, pero al ver las imágenes, fotografías y comentarios sobre última actividad, creo que otro derecho fue insultado en la marcha: las creencias.
No soy católica, mucho menos la mujer con el mayor testimonio, no creo en imágenes ni en enaltecer a seres humanos como divinidades, pero sé y aprendí a respetar que NO todos creen en lo mismo que yo, que mi voz no es la única y que por desgracia mi Dios no es el dios de muchos.
El obispo pudo haber dicho lo que quisiera, pero ¿es acaso que seguimos en el Siglo XV? La "Iglesia Católica" no me va a perseguir ni a quemar viva, ni los mismos políticos pueden hacer que deje de hablar o creer, ¿es necesario resaltar que las mujeres somos seres humanos, cuando la mayoría lo damos por un hecho?. Puedo andar como quiera, decir lo que quiera, trabajar en lo que quiera, las palabras de una o varias personas no van a determinar quien soy o no.
¿De cuál recato hablaban? o ¿es a mí a quien hablaban? "A palabras necias, oídos sordo", pero esta no fue la actitud. Las críticas a las creencias católicas pasaron a ser a Dios, un dios que termina siendo juzgado cuando es la estupidez del ser humano quién trabaja.
Cierro solo con una frase: la religión no es la iglesia, la iglesia no es Dios. Así que si alguien cree en algo, respeta y no tomes a personal las batallas que no tienen guerra. La verdad tener una voz es para compartir algo, no para escupir tantas palabras que no podamos escuchar alguna.

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