La luna se siente sola

Hoy de camino a mi casa, me detuvo una hermosa imagen. Frente a mí se detuvo, con sus curvas perfectas gracias al momento de plenitud en que se encontraba y jurando que la escuchaba me habló como a pocos se atreve.
Me siento sola, acá arriba.
Si supieras cómo el firmamento es de hermoso pero frío. Esas pequeñas juegan a mi alrededor pero no siempre me invitan a hacerlo, dicen que algunos días jugar al escondite no les gusta, tiendo a ocultarme muy bien en el negro.
Me siento sola.
Tengo la atención de muchas y muchos, algunos tienden hasta adorar mi forma cambiante. A veces lloran cuando me tienen cerca al compás de una guitarra o del penetrante violín; acumulan sueños a mi alrededor solo dejando en mis ojos las ganas de cumplir mi propio anhelo.
Me siento sola.
Vivo con la promesa de luz propia, sin embargo me mantengo cada día a la mercé de aquel, al cual no soy presentada, pues teme verme o tal vez nunca tendrá el valor de dejar sus deberes como gran señor para vivir el deseo que esconde.
Me siento sola.
Por momentos me da la extraña manía de verlos, queriendo tener la potestad de decirles cuanto he aprendido y reír al lado de los niños que corren en inmensas llanuras.
Me siento sola.
En todo este tiempo no he conocido el amor. Escucho de su magia, tanto que me pinto de ángel algunas veces y aparezco cuando a quien sé que puedo amar, está por marcharse.
Me siento sola.
El tiempo deja mi vida en un grupo de utopías que, por más que nazco y renazco, no puedo cumplir desde la distancia
De repente un silencio se apoderó del camino, un manto trataba de cubrirla, pero se resistía a que pasara. En mi lugar pensaba en sus palabra.

Te mereces conocer el mundo, pero lo único que tengo para darte es mi comprensión, pues entiendo cada una de tus palabras. Me sentaré a tu lado, viviré recordando tu deseo y en el momento que entienda la virtud del brillo propio, la risa por motivos únicos y el sabor del amor sincero y real, prometo contarte cada detalle de eso que llaman sentir.
El manto tomó fuerza, escondiendo su bella figura, reflejando una luz que me invitaba a continuar mi camino, bajo un juramento con ciclos de veintiocho días.

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