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La eternidad no es digna para un mortal


Domingo en vacaciones, seis y media, en la tarde-noche: Encontré tus cartas, esa letra que siempre me costó entender: las palabras que en su momento eran de un chico que vivía algo nuevo.
Me encantaría conversar, aunque no tendríamos de que. Tu aún no tomas café. Yo ahora amo el té.
Eran lindas las tarjetas. Pensándolo bien: todo pasó como tenía que pasar. Una parte de mi no sabe aún si fue amor, si afianzaba mi tonto ego o era una línea irregular por donde caminar.
"Te amo": frase temida, no por sentirlo si no por ser prematura. Sonriendo sabía que no era para siempre, esas frases esperanzadas en una eternidad no son dignas para un mortal.
Pienso porque no recuerdo nada de vos, ni que hubiese pasado tanto tiempo... hay cosas más lejanas que si revivo entre sueños.
Paso el tiempo, solo escribo recordando lo que acabo de ver y porque sigue siendo un buen recuerdo no eliminaré.
P.D. Ya no pongo te amo, este es para decirte, estoy feliz que seas feliz. Crece; aún es raro jugar de no conocernos y vuelve a escribir, ¡a que no te atreves!

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