Hay días de días... Días sin prudencia

A ver a ver... si si no lo debo decir, ujum hay que ser prudente, claro, claro es racional no decir nada... adivinen que... hoy me importa un bledo los parámetros femeninos a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve.
Hoy seré la mujer que se pasará la prudencia por los temores más preciados de la sociedad de la época, infundada por un machismo extraño que evita al género que pertenezco hablar.
Hablaré que tengo derecho de decir que usted, joven egocéntrico absoluto, de perspectivas algo complejas y algunas indecisiones, me gusta y me interesa. Sabe que lo quiero, eso sí me he abstenido claramente a enamorarme, no solo por la barrera que usted de manera obvia puso, si no porque mi persona necesita un reposo de antiguas heridas que hoy, la verdad, ya no duelen solo quedó una marca (pienso en un trasplante de tejidos epiteliales).
También diré que estoy cansada de mirar al chico que no conviene, que todo el mundo nota que merezco más y yo no, de ver lo bueno en los demás y que eso malo que no vi por considerar lo bueno, es lo que me lastima tiempo después.
Afirmaré que agradezco a usted amigo que me advierte sobre la persona que es y lo mucho que nos divertimos hablando en las noches de la forma que nunca me había atrevido a hablar, y por sus advertencias sinceras aprendía a solo apreciarlo... Agradezco su honestidad.
Diré que no se si usted exista, si es un sapo, un príncipe o plebeyo, pero si existe según mi autoconocimiento estaré lista en al menos dos meses, que mi tiempo es limitado por el estudio, trabajo, amigos y familia, pero tengo toda la capacidad de hacer el espacio necesario para ambos.
Que puedo confiar, pero mi prudencia luego de hoy vuelve y aprendo a cuidarme yo, que tengo aspiraciones altas, a corto y largo plazo, espero lo entienda y que usted tenga las propias (es casi un requisito). Además tengo creencias, requiero que usted también crea en algo, soy apasionada por lo que haga y me encanta la estabilidad y las emociones constantes.
Necesito una vida de experiencias nuevas, tal vez por eso amo mi carrera en camino, amo enseñar cosas por lo que hablo y hablo. Requiero admirarlo y que usted me admire, que tenga algo que enseñarme, amo aprender y en ese momento soy el silencio en persona con grandes ojos (o hasta donde aguante abrirlos porque son pequeños). Estoy segura de mi sexualidad, de mis necesidades y de lo que quiero, espero que usted esté seguro de lo que desea, para que entre ambos pueda ser las cosas más sencillas.
Voy a mil por hora, yo soy de las personas que siente a fuego lento y a cenizas traviezas, de las que aman respirar el aire suficiene.

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